lunes, 31 de agosto de 2015

Trujillo


Trujillo, tierra de conquistadores y gentes de bien.

El pasado fin de semana fui cobijada entre las murallas y misterios de esta hermosa ciudad. Tuve la inmensa suerte de visitarla de manos de una andaluza afincada desde hace años en esta tierra. Desde aquí un beso de elefante para tí, Paqui Palmero, que has hecho las veces de anfitriona y embajadora, con tu sonrisa siempre por bandera y tu increíble forma de interpretar la vida como sayo.

En tres días, hemos visitado no solo Trujillo, sino también la cercana Cáceres, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986. Pero ahora, querido lector, voy a mostrarte un cachito del corazón trujillano, dejando las mieles de Cáceres para otra ocasión. 

Nada más llegar a la ciudad de Trujillo, fui recibida por un caballero de porte abrumador. Francisco Pizarro se yergue impresionante a lomos de su caballo en la Plaza Mayor, presidiendo desde su posición todo el espacio, conquistando las miradas. 


La Plaza Mayor es un conjunto en sí de historia. La Iglesia de San Martín, el Palacio de los Duques de San Carlos, hoy, convento concepcionista. El Palacio del Marqués de la Conquista, la Casa de las Cadenas o el palacio de los Chaves-Orellana...

En torno a este lugar, sigue el despliegue de lugares de ensueño. La antigua iglesia de Santa Maria la Mayor, la Casa Museo de Pizarro, la Torre del Alfiler, la Alberca... y como no, su emblemático Castillo. Esas murallas que la rodean y abrazan dando al viajero que llega la imagen de poder y transportando a otras épocas a los que se aventuran en su interior.

En concreto, este fin de semana se ha celebrado en su recinto un concierto donde han actuado "Fuera de tiempo", DJ El Pulpo, Antonio Orozco y Medina Azahara.  Os aseguro que es todo un espectáculo haber estado allí, disfrutando de las actuaciones, rodeados por las murallas susurrantes de historias y con una hermosa luna llena por montera. Si bien el cielo se nubló e incluso nos regaló alguna gota de lluvia, el enclave no perdió ni un ápice de su encanto.

Trujillo ha significado, sin lugar a dudas, el lugar perfecto por donde pasear y dejar volar la imaginación. Y ni que decir tiene que para reponer fuerzas, la gastronomía del lugar es capaz de satisfacer al más exigente de los paladares. El restaurante Hueso situado al lado de la Plaza Mayor con una gran variedad de platos típicos y un personal que derrocha simpatía. El Mirador de las Monjas, donde puedes degustar una combinación de sabores originales con el Castillo de apoderado y la ciudad como testigo, o las innumerables ofertas de la Plaza Mayor, donde las tostas van y vienen con gracia. (Y de tí y de tus mil sabores me acordé, amiga Mª de Gracia.)

Pero no más palabras. Mejor, comparto contigo algunas de las imágenes captadas para que tú puedas juzgar por ti mismo. 





La Alberca 


Paseando por sus calles


Una de las puertas de la muralla


Viviendo otras épocas


Iglesia de Santa María La Mayor


Un trocito de Santa Maria La Mayor desde otro ángulo



Placa conmemorativa en Casa Museo Pizarro



Palacio de los Carvajal (Duques de San Carlos)



Vistas de Trujillo desde la muralla que sube al castillo




Casa de Francisco de Orellana


Investigando en el misterio de sus calles al anochecer


La naturaleza se abre paso entre la historia


Recordando a mi Carmona al cruzar su Puerta de Santiago




Calle cercana a la Plaza Mayor. En la misma, Restaurante Hueso





En la fotografía de arriba, El Mirador de las Monjas, conocido restaurante. En la fotografía de abajo, una vista desde el patio de ese Mirador, donde tuve la gran suerte de cenar. 

Y por último...



Lo prometido es deuda vecina. Mi cena de la primera noche. Las típicas tostas trujillanas, con una cerveza muy fría y el espectáculo de la Plaza Mayor ante mí. 







2 comentarios:

  1. Gracias Cristina, la verdad es que ha sido estupendo y necesitaba desconectar. Muchos besitos para ti también.

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