viernes, 21 de octubre de 2016

Gredos



Hola amigos, aquí está la segunda reseña. 290 páginas de… ¿cómo describirla? Creo que se llama narrativa, ja ja.  Éste es un libro que bauticé con el nombre de “Rompiendo barreras”, pero después lo pensé mejor, y decidí llamarle Gredos.  Si te gusta la mitología, los sueños, las predicciones… éste es tu libro.

Te cuento un poquito...

Elena se considera a sí misma como una mujer que posee todo lo que ansía en la vida. Sin embargo, en su interior, empieza a germinar la duda sobre si esta afirmación puede ser del todo cierta, ya que conforme los días avanzan, ella se va sumiendo en un estado de aletargamiento indeseado.

Un día, en un mercado medieval, una anciana predice un cambio inesperado en su vida...

y este suceso ocurre poco tiempo después, haciendo a Elena despertar de ese letargo.

En una especie de lento resurgir, la protagonista empieza a buscar sus orígenes y descubre que su procedencia no sólo es dudosa, sino también, asombrosa y desconcertante, pues quizás no sea quién cree ser, ni provenga de donde creía provenir… quizás el destino ha jugado con ella y la ha traído desde un lugar… que ni tú mismo puedes imaginar.

Te dejo un fragmento…

Mi turno. Es curioso. Yo no estoy nerviosa. Al fin y al cabo, lo tengo todo. Sólo puedo esperar cosas buenas, sobre todo ahora, con mi estrella de la suerte. Tomo asiento y la anciana me mira y observa de nuevo mi amuleto, como si al hacerlo, entrase en una especie de trance más profundo.

-         El Diablo… La Muerte… La Rueda de la Fortuna.

La anciana dice esto y se queda en silencio. ¿El diablo?, ¿La muerte? Estoy temblando. Miro a la anciana impaciente por escuchar lo que me tiene que decir. Ella se mantiene serena. Levanta su rostro hacia el mío.

-         Engaños, cambios, pérdidas…

Yo ya no puedo dejar de temblar. La angustia crece en mí a pasos agigantados. Creí que sólo iba a contarnos lo bueno. Mi vida es buena, esto no puede ser cierto…

-         Y la rueda de la fortuna. Si escuchas a la madre y sigues a la luna, el orden, el universo, el cosmos será para ti, se abrirá a ti y juntos seréis uno fuerte e invencible. Ya fuiste luchadora antes, hace muchos años, en otra tierra… donde naciste hermosa y fuerte. No te niegues a ti misma y los demás no podrán negarte. Sigue tu estrella aunque tengas que ir lejos, muy lejos.

¿Qué? ¿Qué está pasando? Me he quedado sin habla. Tengo frío y una sensación curiosa. Engaños, pérdida…

-         Esa carta, la de la muerte. ¿Va a morir alguien?
-         Esta carta supone cambios, no una muerte como tal. Escucha a tu corazón, sigue tu instinto y recuerda, ayuda a la luna y escucha a la madre.
-         Gra, gracias. ¿Cuánto le debemos señora?
-         Nada.
-         ¿Nada?
-         Sólo intento ayudar a las almas perdidas. Mi recompensa es su felicidad. - me dice cariñosamente.

No entiendo nada. ¿Qué habrá querido decir con eso? Tal y como pronunció esas palabras, suspiró, dijo que estaba muy cansada y que debíamos marcharnos. Así que nos marchamos. Inés contenta. Carmela igual que entró, y yo, angustiada.

       Así que juntas nos dirigimos a “La posada” y nos tomamos dos jarritas de vino con unas tapitas de queso. Pero estamos raras, queremos irnos a casa.

-         Chicas, yo he de volver. Necesito aclarar lo que me ha dicho esa anciana.
-         A mí me ha dicho que seré madre- susurra Inés.
-         A mí me ha dejado igual- comenta Carmela.
-         Yo necesito volver. – les repito.

Las tres nos levantamos, y casi en una especie de levitación llegamos al lugar de antes, pero la carpa no está. Un agente de seguridad de la zona se acerca a nosotras al ver nuestra incertidumbre.

-         ¿Puedo ayudarlas en algo señoras?
-         El Oráculo de Delfos que estaba aquí. ¿Qué ha pasado?
-         ¿El qué? No, deben estar confundidas. Aquí no había nada.
-         Pero… estaba aquí. Era una carpa de adivinación- comenta Inés.
-         No se ha incorporado ninguna carpa de adivinación al mercado. Todo se ha hecho muy rápido y no ha dado tiempo.
-         Pero hemos estado aquí hace sólo una hora.- le indico.
-         No lo tomen a mal señoras, pero vienen de la posada ¿cierto?
-         ¿Qué insinúa?- pregunta Carmela.
-         Tal vez bebieron de más.
-         ¡Menuda falta de respeto!- grita mi cuñada.
-         Mis disculpas señoras. Pero en serio, pregunten a quién quieran. Ese Oráculo que ustedes dicen, jamás ha estado aquí.

¿Qué tal? Bueno, otro trocito más…

Qué bien me siento en este lugar. Estoy sentada en la pequeña ladera de un río, uno que no identifico. No recuerdo haber estado aquí. Sí es cierto que tengo los pies descalzos sumergidos en el agua y me siento muy relajada.

       Comienzo a balancear los pies adelante y atrás. Me fijo en mis uñas. ¿Están pintadas de rosa? No recuerdo desde cuando no me pinto las uñas de los pies y menos de ése color. Me fijo mejor en ellos. Son bonitos y muy pequeños. ¿Me han encogido los pies? ¿Y las piernas? Me pongo de pie y me miro el cuerpo. ¡Soy una niña! Visto un mono vaquero. Me asomo con cuidado al río y miro mi reflejo en el agua. ¡Sí, soy una niña! Llevo unas coletas y unos lazos rojos.

       En el reflejo otra persona se une a mí. Es un anciano. Me mira y me sonríe con una ternura increíble.

       Entonces empieza a hablarme y no entiendo lo que me dice. Debe ser  bonito, porque su rostro es muy amable, pero no puedo entenderlo y me desespero un poco. Entonces resbalo con una de las piedras y a pesar de que el anciano intenta cogerme, termino cayendo al agua. Lo último que puedo ver antes de que todo se vuelva oscuro es un extraño cartel de madera con unos símbolos muy raros grabados en él.

Éste ha sido más cortito, pero bueno, te dejo otro más. 

Fresco mar que acaricia mis pies, suave arena que me incita a pasear en este hermoso día. Miro el reflejo marino y pienso que en un lugar tan bello nada malo puede ocurrir.

       Paseo al amanecer por una bella playa que no conozco. Tranquila, serena, solitaria. Como yo.

-         Sabes que no estás sola aunque lo pienses- me dice una voz femenina a mi lado.

Giro mi cuerpo y veo a la mujer más hermosa que jamás he visto antes. Su larga cabellera rizada desafía al sol con su flamígero contacto y sus ojos penetran en tu interior leyendo lo que tan solo tu alma conoce.

-         ¿Quién eres?- le pregunto absorta.
-         Soy tú. Y también ella- me dice señalando a una anciana que se encuentra lejana, sentada junto a una pequeña al lado del mar, riendo con una niña mientras las olas le acarician los pies.

¿Cuándo han aparecido ellas aquí?

-         Y también soy ella- me dice señalando a la pequeña.

La miro de nuevo. Es más que hermosa. Es sublime. Viste una especie de túnica larga parecida a la que usaban en la Grecia antigua o quizás en Roma. Pero el tejido es tan fino y exquisito que se trasluce, con lo cual puedo apreciar su hermoso cuerpo desnudo y ello me hace sentir pudor. Retiro mi vista de su ropaje, pues su cuerpo llama mi atención. ¿Se puede ser divina? La miro al rostro.

-         ¿Eres yo?
-         Soy un poquito de cada mujer. Vivo en cada una de vosotras.
-         ¿Quién eres? Creo que te he visto antes.

Su risa se escucha clara y cristalina.

-         Tal vez así haya sido. Tal vez te regalé una rosa en algún místico lugar. Tal vez vendía flores en él.

(¿La florista del mercado medieval?

-         ¡Tú! ¡Te busqué!
-         Sólo tenías que haber buscado en el lugar correcto.
-         ¿Dónde?
-         Dentro de ti.
-         ¿Quién eres?
-         Ya lo preguntaste antes.
-         Por favor, necesito saber, ¿quién eres?
-         En Roma me llamaban Venus, en Grecia, Afrodita… ¡uy! Hoy, mis ropajes son griegos, así que puedes llamarme Afrodita.
-         ¿La diosa?

Una nueva carcajada limpia y cristalina.

-         Entonces no eres yo. – le digo triste.
-         ¿Por qué?
-         Soy fea, estoy gorda, me he quedado sola, he fracasado.
-         Eres fuerte y bella. Pero aún no lo has descubierto. Todas las mujeres son bellas sin excepción. Pero muchas no ven más que el reflejo que un mal cristal les devuelve. Sólo ven lo que creen ver.
-         Pero…

Ella se detiene y me toma la mano. Siento un intenso calor y de pronto mi cuerpo reacciona. ¿Es esto lógico? Me siento dichosa, poderosa, deseada, inflamada…

-         ¿Me notas?
-         Sí- le contesto tímida.
-         No querida Elena. Te notas a ti misma a través de mí. Eres mujer, y por tanto, mágica y poderosa.
-         Afrodita…
-         Chssss. No busques más. No esperes lo que ya llegó hace tiempo y no supiste ver. Busca en el lugar correcto.
-         ¿Dónde?
-         Dentro de ti.

Bueno amigos, aquí tenéis la siguiente reseña, ya tenéis dos de tres. Ya sabéis que en la pestañita de proyectos puedes ver las reseñas de los tres libros, y que te agradeceré que me digas cuál de ellos te gustaría que saliese del cajón. 

¡Cuento contigo! :D 

6 comentarios:

  1. Ja ja ja, ¡es una posibilidad! Muaaaakkkk

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  2. Me recuerda a "El Amante Lesbiano" de José Luis Sampedro. Cuando lo leí quedé con una sensación extraña. Me gustó mucho y auguro que este libro tuyo me encantará.

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    Respuestas
    1. Gracias Espe. Es un libro digamos más suave que el anterior, ésta es una historia llena de simbolismos y con un final... espero que impredecible. Muchos besos :D

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  3. ouuuu me gusto tambien este, hay Margarita comienzas a poner dificil la decicion jijij :D
    voy para el tercer libro, y te digo que me parece! :D

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  4. Ja ja ja, algo me dice a mí que tú te leerías los tres, ja ja.
    Un beso muy fuerte cariño. :D

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