jueves, 13 de agosto de 2015

Glup, glup


El pasado 10 de agosto fui con mi hijo al Acuario de Sevilla. Ahí, tan cerquita, casi a un tiro de piedra, y nunca lo había visitado.  

En fin, tú sabes, un día de éstos de verano intenso en el que no puedes ponerte sandalias porque la suela se queda pegada al asfalto. Aun así, respiras hondo, llenas tu cuerpo de agua por lo de hidratarte y adecuarte al entorno, y ejerces de buena madre.

Caminas hasta el Acuario sin estar segura de su ubicación, por supuesto, aparcas muy, muy lejos. Y después, un bronceadito desde el coche al edificio en cuestión.  

Pero al llegar… ambiente fresco, música relajante de fondo… y las maravillas marinas ante nosotros. Sin utilizar flash puedes hacer las fotografías que quieras. A mi hijo y a mí no nos gusta mucho lo de fotografiar, así que solo hicimos doscientas siete fotos con el móvil.

Os confieso, que en determinados momentos me puse triste. Me dio algo de claustrofobia ver las especies dentro de piscinas, y no en el ancho mar, sobre todo los tiburones. A uno en particular, casi me pareció leerle la mente diciéndome ¡esto es muy pequeño para mí! Y en uno de los habitáculos donde había tortugas e iguanas, un pequeño ventilador incrustado en una de las puertas, me dio una orientación de lo importante que es regular la temperatura en cada espacio.

Pero sí os digo, que la recreación es magnífica. La cercanía al puerto te hace pensar que estas en un pueblo costero; los juegos de luces incitan al misterio; las mantas parecen sonreírte y mirarte con su carita sonriente, pero cuando vas a fotografiarlas se giran coquetas y te muestran su lado oscuro…, los tiburones nadan sobre ti; las estrellas de mar anaranjadas te sumergen en un mundo de fantasía; y los pequeños peces tropicales danzan con los corales de color.

Une a todo esto los caimanes, tortugas, moluscos y anacondas… y vivirás toda una aventura.


Ha sido un hermoso día del que os dejo aquí algunas imágenes. Tranquilos, las doscientas siete no, je je. No tienen la mejor calidad, y en algunas se me ve a mí reflejada en el cristal, pero... espero que las disfrutéis. 












martes, 11 de agosto de 2015

Volare...

Hace mucho y poco tiempo, en un lugar lejano y cercano a la vez, existió un niño que añoraba volar.  Cada día, de madrugada, cuando aun el gallo del corral no había empezado su canción, Pedro se levantaba y corría al techo del granero.

“Si me lanzo desde aquí, volaré”, pensaba.

Gateaba por la vieja escalera carcomida y llegaba al lugar elegido para cumplir su sueño. Elevaba sus pequeños brazos al viento y se concentraba, sumido en sus pensamientos, en ser pájaro de brillantes colores e intensa mirada. En su imaginacioń, sus pequeñas manitas iban sustituyendo dedos por plumaje, y sus brazos se volvían ligeros y alados. Su cuerpo continuaba con la transformación, y por último, su pecosa y traviesa carita se encogía y encogía, hasta que el pico sobresalía...

Un pequeño salto en el espacio tiempo y un ligero brío en sus recién estrenadas alas debían ser suficientes para emprender el ansiado vuelo... Pero éste, jamás llegaba y Pedro volvía a la realidad de su cuerpo humano.

Día tras día repetía la misma operación. Alguien le dijo una vez que si deseas algo con mucha fuerza, se cumplirá. No está bien mentir a los niños, así que estaba seguro de poder cumplir su sueño.

Una noche, tuvo sueños inquietos y novedosos. 

lunes, 10 de agosto de 2015

El libro de los abrazos

 Recientemente he leído “El libro de los abrazos”, de Eduardo Galeano.  Si tuviese que describir lo que este libro me ha transmitido, te podría decir que en conjunto es una mezcla maravillosa y perfecta tanto de momentos vividos por el propio autor, como de situaciones entre sorprendentes o ridículamente reales.


Me gustaría comentarte más cosas sobre esta obra que me recomendó alguien a quien yo aprecio mucho. Una amiga enamorada de la literatura y que además vive este amor como un sentimiento que comparte y transmite. Pero voy a dejar que sea el propio libro quien te incite o no a sumergirte en sus páginas, a través de dos breves fragmentos del mismo.

“ El país de los sueños”
“De las galeras de los magos brotaban lechugas cantoras y ajíes luminosos, y por todas partes había gente ofreciendo sueños en canje. Había quien quería cambiar un sueño de viajes por un sueño de amores, y había quien ofrecía un sueño para reír en trueque por un sueño para llorar un llanto bien gustoso…”

sábado, 8 de agosto de 2015

Una concha en la arena


Angel paseaba por la playa, sereno, observando el brillo plateado de sus aguas y la tranquilidad que se respiraba a aquella hora, en la que los inquietos turistas, aún no habían hecho acto de aparición. El mar era su distracción y hasta hacía poco, había sido su sustento.

En torno a sus ojos había arrugas y en su mente recuerdos de toda una vida. Siempre había sido pescador, humilde y sencillo. Tenía una pequeña casita cerca del mar, amigos, multitud de historias que contar de sus largos recorridos en alta mar, anécdotas graciosas, sueños… y muchas historias sobre lo de una novia en cada puerto.

A sus sesenta años, había decidido que el mar y él debían dejar sus relaciones laborales y centrarse solo en las de dos viejos aliados. Ahora, no entraba al mar si el tiempo era inestable. Pescaba por placer y diversión, paseaba por la playa… Jamás se casó. Conoció a varias mujeres que pudieron ser buenas candidatas y quizás alguna más que lo intentó, pero no llegó a sentir ese anhelo.

¡Qué tiempos aquellos! Ahora se dedicaba a dar largos paseos y a correr por la playa. No estaba solo del todo, muy cerca, vivía Dora, su vecina, que le amonestaba aduciendo que iba a darle un “jamacuco” de tanto correr. Él siempre le decía lo mismo…

-          “Dora, Dora, si tuviese unos años menos te ibas a enterar tú de lo que es darte un “jamacuco”
-          ¡Qué poca vergüenza Ángel! ¡Eres un pícaro! ¡A tu edad!
-          ¿Qué edad Dora? Me estoy haciendo mayor, ¡pero sigo vivo!

Dora fingía enfado, pero la verdad es que aquellas conversaciones le daba vida a su monotonía.

Aquella mañana especialmente tranquila, Ángel llevaba su vieja cazadora marinera e iba sumido en sus pensamientos.  De pronto, al mirar al mar, le pareció ver un reflejo a lo lejos en el mar, algo brillante... Desde la lejanía le pareció la cola de un pez, pero ¿qué clase de pez?

jueves, 6 de agosto de 2015

Aurora boreal



Hermoso fenómeno sin lugar a dudas. Por desgracia, esta fotografía no la he hecho yo misma. ¿Quién sabe? Quizás algún día… Pero hoy, me he tenido que limitar a tomarla de las imágenes de internet.

En fin, a lo que iba. También he encontrado hermosas leyendas en torno al origen de este fenómeno. Aquí los comparto contigo. 

El zorro ártico
En países como Finlandia, este fenómeno se conoce como “revontulet”. El zorro corre por el “lejano norte” rozando con su cola las montañas, lo que provoca chispas que se convierten en luces en el cielo.
En otras versiones, es la luz de la luna la que se refleja en los copos de nieve que barre la cola del zorro hacia el cielo lo que provoca el juego de colores en el cielo nocturno.


La leyenda esquimal
“Los límites de la tierra y el mar son bordeados por un inmenso abismo, sobre él aparece un sendero estrecho y peligroso que conduce a las regiones celestiales. El cielo es una gran bóveda de material duro, arqueado  sobre la tierra.  Hay un agujero en él a través del que los espíritus pasan a los verdaderos cielos....

martes, 4 de agosto de 2015

Meditación

Es tan agradable esta sensación. Aletargada en el espacio continuo tiempo, ajena al exterior. Observo como todo se detiene. Es tan singular y tan mágica a la vez esta falta de percepción de lo que te rodea, que tal vez por ello sea tan difícil de conseguir.

A pesar de mi aislamiento, recibo con agradable quietud esa imperceptible brisa que me acaricia el rostro. Mis párpados permanecen cerrados y el resto de mis sentidos se han confabulado entre ellos para unirse en un perfecto equilibrio y dejar que el mundo continúe sin mí.

Durante una fracción de segundo, acude a mi mente el recuerdo algo borroso de un curso que hace años practiqué. Era un curso de meditación, a través del cual aprendes a fortalecer la mente, la separa de su cuerpo, se aísla, se concentra en el interior humano, deja la mente en blanco. ¿Es ello posible? Si alguien nos dice que no pensemos en un elefante rosa, todo él inundará nuestra mente. Si alguien nos induce a no pensar en un limón y además añade la palabra “agrio”, no sólo nuestra mente dibujará el contorno y forma del cítrico mencionado, sino que en el interior de nuestra boca la saliva comenzará a multiplicarse a fin de contrarrestar el sabor ácido.

Realmente, nuestra mente tiene un poder mayor del que le asignamos. Estamos tan ocupados en nuestro día a día, que no nos detenemos a calibrar esta importante faceta de nuestra vida. ¿Cuánto poder tenemos en realidad? ¿Hasta dónde podemos llegar?

Por ello, hoy, llevo a mi cabo mi ejercicio de auto conocimiento a un nuevo nivel. En primer lugar, experimento una relajación. Soy consciente de mi cuerpo. Me detengo en el aquí, en el ahora, y compruebo que toda yo estoy aquí. La temperatura interior es agradable, si bien hace algo de calor en el exterior, el habitáculo donde me encuentro está fresco y huele de forma agradable.

Recuerdo que mis pies están ahí. Muevo despacio los dedos y después soy consciente del lugar donde se encuentran mis tobillos. De esta forma, voy visualizando en mi mente, tomando conciencia de mis piernas, brazos, tronco, mi cabeza, mi boca, nariz, ojos… y llego a ese espacio que contiene la sabiduría de un ser. Mi mente. Una posición cómoda, no pensar en nada. Aislar el pensamiento que llegue… no pensar, no pensar…

El zumbido de una mosca revoloteando a mi alrededor hasta que termina posándose en mi mejilla, me molesta. Es inquietante saber qué tienes ese molesto insecto sobre ti. ¿Cómo conseguir un óptimo nivel de concentración? Durante un instante, rompo mi quietud y con la mano la asusto. Pero volverá. Lo sé. Las moscas fueron creadas por algún ser que odiaba la meditación. Regresará y me molestará con sus patitas diminutas y sus alitas pequeñas. No dejará de molestarme, hasta que consiga expulsarla o aplastarla. ¡Oh, no! ¡No puedo pensar en un aplastamiento, ni en una mutilación! ¡Se trata de conseguir el nivel superior de meditación!

domingo, 2 de agosto de 2015

David Safier

Por regla general, suelo hablarte de algún libro que he leído o deseo leer. Pero en este caso, te hablaré de varios a la vez, todos escritos por este hombre. David Safier. 

David es guionista y también novelista. Nació en diciembre de 1966 en Bremen, Alemania. Estudió periodismo y se formó en radio y televisión. Como guionista fue galardonado con premios como el Grimme, el Premio TV de Alemania, y un Emmy a la mejor comedia internacional en Estados Unidos.

Pero voy a hablaros de su otra faceta. He leído varios libros de este autor, y puedo catalogarlos dentro de una misma línea. Son libros divertidos, entretenidos, y a la vez, hacen que reflexiones sobre las cosas más cotidianas. Ese tipo de cosas en las que no solemos detenernos a pensar en el día a día, pero que forman parte importante, a veces, vital y primordial de nuestra existencia. 

A través de situaciones divertidas, complejas y a veces, escalofriantes... nos va guiando hacia la reflexión final, que cada cual realizará a su antojo. 

En la actualidad, el autor ha dado un giro a su estilo de escritura con su obra "28 días", relativo a la tragedia judía bajo el nazismo. Pero en este caso, voy a concentrarme en hablaros de aquellos que ya leí y con los que me reí y disfruté al máximo. 

MALDITO KARMA. 

Kim Lange es una treintañera de éxito en la televisión alemana, que ha llegado a esa posición a costa de pasar por encima de su matrimonio, su familia, amigos...y cualquier cosa que pueda ponerse en su camino. 

Tras una noche de sexo con su amante, muere aplastada en la azotea del hotel por un lavabo que cae desde una estación espacial. Sí amigos, habéis leído bien. Así es la vida...

Ahora, Kim experimenta en su propio ser la teoría de la reencarnación, viviendo para ello la vida dentro de otra perspectiva. Primero, se reencarna en hormiga obrera, después y conforme va pasando etapas en cobaya, vaca, lombriz, escarabajo de la patata, ardilla, perro de raza Beagle y finalmente, en una mujer obesa con problemas cardiacos... 

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