domingo, 17 de diciembre de 2017

El cetro. Capítulo 5



Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4

Capítulo 5

A las nueve de la mañana, Ernesto e Iris cumplirían treinta años. Y a las ocho y cuarenta y cinco, el timbre de la casa comenzó a sonar con fuerza.

Una resplandeciente Iris abrió la puerta a su hermano y le abrazó con fuerza.

- Feliz cumpleaños hermano.

Ernesto se quedó mirándola absorto y de su boca no salía sonido alguno, hasta que finalmente, un débil “Feliz cumpleaños, hermana” surgió.


Sofía se abrazó a su cuñada y le acarició la mejilla, mirando con ternura a su suegra que acababa de acercarse.

Iris llevaba el cetro abrazado sobre su pecho.

- Es un cetro  asociado a diosas como Hathor, Bastet, Sekhmet y Neith… - comentó Ernesto.
- Lo sé – contestó Iris con una paz serena en el rostro.- Anoche, mientras dormía, conseguí recordar. ¿Tú no has recordado nada hermano? Tú y yo somos hijos de Egipto.

Ernesto miró a su madre y ésta asintió. Se acercó a sus hijos y tomó a cada uno de una mano invitándoles a sentarse en el sofá. Sofía se colocó al lado de Ernesto y tomó su otra mano. Iris los miraba a todos con serenidad. Sus ojos parecían más grandes, su cabello más negro, su piel más viva…

- Anoche tuve un sueño hermoso. Llevaba un collar precioso. Un “Usej” en el cuello. Mi cuerpo estaba cubierto con una prenda de color lavanda. Mi pelo era mucho más largo y se veía muy negro sobre esa túnica. Llevaba muchas trencitas y una hermosa diadema. Y mis ojos, estaban maquillados con khol. Estaba tumbada en un diván, y miraba absorta hacia la espléndida visión que tenía ante mí. El Nilo. El olor a papiro impregnaba el ambiente, y jamás me sentí tan bien.
- Ha llegado el momento de continuar con tu destino Iris. El destino para el que naciste. No sabía si eras tú, o tal vez la pequeña que ahora empieza a crecer dentro de ti, Sofía. Pero sí sabía que uno de mis dos hijos era el elegido.

Iris la miró con asombro, y entonces Sofía habló.

- Hay una leyenda que dice, que una descendiente directa de una gran sacerdotisa del antiguo Egipto crecerá alejada de su tierra. Portará un cetro. Un amuleto que simboliza justo lo que tú eres, alegría, juventud, florecimiento… deberías verte ahora mismo. Estás resplandeciente. Eres la elegida para velar por el florecimiento, por el renacer de las antiguas tradiciones. Por los valores perdidos.  Por el equilibrio.

La madre de Iris se acercó a ella y tomó sus dos manos.

- Durante generaciones, las sacerdotisas de generación en generación han ido cuidando del templo del papiro. Nacéis en cualquier lugar del mundo, a veces como en tu caso, podéis incluso tener un mellizo. Es lógico que tu hermano adore Egipto… somos descendientes de la primera sacerdotisa.

Iris la miró algo confundida.

- Pero… yo jamás sentí interés por Egipto.
- Por eso pensé que era Ernesto el elegido. Desde que el cetro llegó a casa, justo el día en que supe que estaba embarazada… sabía que este momento llegaría. Mi madre me habló de ello, y a ella la suya… pero yo jamás os dije nada porque pensé que tenía tiempo. He tenido miedo, he cruzado los dedos porque este momento no llegase… pero también he comprendido, que ha de ser así.
- Mamá… - habló Ernesto…

Pero ella le hizo un gesto para que la dejase hablar.

- Al cumplir los treinta años, de nuevo el  número 3, vuestros recuerdos de vidas anteriores vuelven y vuestra misión se os manifiesta.

Iris sonrió.

- Es mi destino… necesito ir a Egipto.
- ¿Y los demás? – preguntó Ernesto a su madre - ¿No la veremos más?

Fue Iris la que habló.

- Estamos en el siglo XXI hermano. Claro que podrás visitarme, pero no en el Templo. El Templo es sagrado… solo podrás verlo antes de dejar este mundo. Tú y tu descendencia – dijo mirando con cariño a Sofía.

- ¿El Templo? – preguntó Ernesto.
- Sí… El lugar donde me espera la abuela.

Las campanadas del reloj del salón anunciaron que las nueve habían llegado. Ambos hermanos se tomaron de las manos, mientras el viejo cuco anunciaba el momento, e Iris comenzaba su nuevo futuro…



Se dice que hoy en día ya no existen las antiguas sacerdotisas y que los templos no son más que restos de lo que hubo, pero lo que nadie sabe es que en algún lugar de Egipto, oculto a la vista de todos, se encuentra el Templo del Papiro, donde la sacerdotisa Iris vigila para que el mundo rejuvenezca y se prepare para renacer en el más allá.



10 comentarios:

  1. Qué bello lo has narrado, Margarita, me ha encantado tu relato.

    Un aplauso fuerte y mi admiración.

    Besos enormes.

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    1. Muchisimas gracias María. Un beso enorme y por supuesto una muy feliz Navidad.

      ¡¡Besos!! :D

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  2. Sé que es un cuento, hermoso, pero cuento al fin, pero que bien nos vendría una sacerdotisa que nos cuidara de los violentos y también a a nuestro mundo.

    ¡¡Felicitaciones una muy buena historia!!

    mariarosa

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    1. ¿A qué sí? Cada día más necesaria además. Un beso María Rosa y ¡Feliz Navidad! :D

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    2. ¡¡¡¡Feliz año 2018 en paz y armonía!!!!

      Sobre la pregunta que me dejaste en el blog, te respondo: le pareja de Claudia y Javier no se encontraron, cada uno hizo su vida aparte de la otra. La Catalina de la historia murió a principios de 2017 y murió ciega, tal como había vivido en la vida, ciega ante el amor del hijo.
      Un abrazo.

      mariarosa

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    3. Qué triste María Rosa. Que pena que haya personas que dejen ir su vida sin intentar hacer algún tipo de "milagro". Muchos besos y gracias por contarmelo. Muaakkkk :D

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  3. Muy interesante! Sequire leyendo! Feliz Navidad guapa! 🎄🎄🎄

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    1. Hola Carolina. Un beso muy fuerte y ¡Feliz Navidad! :D

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