domingo, 8 de octubre de 2023

La duquesa roja

 


Hola mis queridos amigos. Hoy tengo que contaros tantas cosas que no se bien por dónde empezar. Quizás sería conveniente explicaros que desde el 4 al 8 de octubre hemos tenido la II Feria del Libro de Carmona, donde he tenido el placer de conocer a muchos autores, participar en interesantes debates y, como no, adquirir un montón de libros. 

Pero ha ocurrido algo más en estos días, y no me refiero precisamente a la feria. 

A mi vida ha llegado no una propuesta, sino un par de ellas. 

Ambas son sumamente beneficiosas pero requieren de mí tanto tiempo, que me cuesta conciliarlo todo. 

Por ello, veréis que las publicaciones del blog ya no serán tan seguidas como hasta ahora. Desde ahora y hasta que finalicen mis dos proyectos, el blog será más bien como un goteo, pero eso sí, espero que sea un goteo hermoso. 

Y... ya os contaré sobre esas propuestas cuando pueda hacerlo. 

Os dejo ahora con el cuento de hoy, la historia de una mujer muy, pero que muy peculiar. Espero que os guste. 



 

La duquesa roja

 

Evangelina, antigua duquesa de Monte Alto y Bajo Cerro, era más conocida por los lugareños como “La Duquesa Roja”; personaje, por cierto, muy pintoresco en el lugar. Octogenaria de edad, delgada de carnes y blanca de piel, siempre gustaba de utilizar el color rojo en toda su indumentaria, sin que el paso de los años hubiese impedido continuar con la mencionada tradición.

Monte Alto y Bajo Cerro, era una aldea pequeña a pesar de tan extenso nombre. De entre sus aldeanos estaban aquellos quienes, al escuchar hablar de ella, pensaban que era una aristócrata excéntrica y venida a menos, que había caído en desgracia, pues no vivía en una gran mansión —como se podría esperar de alguien poseedor de tan ilustre título nobiliario—, sino en un caserío viejo y anticuado que se caía a pedazos. La mujer, que adquirió su linaje gracias a sus nupcias con don Federico Hinojosa de Nogales, duque de profesión y holgazán de afición, había regresado tras la muerte de su esposo a su lugar de origen, siendo poseedora de aquella pequeña extensión de terreno. Para ser más concretos un olivar, herencia de su bisabuela paterna.

Pero lo que más inquietaba de aquella anciana, era su intransigencia con respecto a un enorme árbol leñoso que presidía el olivar y cuyas raíces ya habían comenzado a invadir parte del salón de doña Evangelina. A ella no parecía darle mucho disgusto este hecho, incluso había llegado a colocar unos almohadones y cojines que permitían utilizar el improvisado elemento decorativo como algo práctico.

De todos era sabido que la duquesa roja era, por añadidura, muy supersticiosa. En su destartalada vivienda jamás faltaba una herradura que colgaba tras la puerta; cada día encendía una vela con el fin de apagar su llama de un solo soplido; su llavero era una pata de conejo y los cactus adornaban sus desvencijadas ventanas.

Pero la duquesa tenía un miedo atroz no a un espejo roto, que también, sino a que alguien cortase o dañase en cierta forma aquel viejo árbol. Sus padres le contaron la historia de que aquel olivo que ya debía rondar los mil quinientos años era mágico. Árbol perenne como sus hojas y acompañante eterno de la duquesa, como antes lo había sido de sus antepasados.

Todo iba bien en la tranquila vida de la duquesa, hasta que su capataz decidió un día morir, sin avisar. ¿Qué iba a hacer ella ahora? Decidida, aquella mujer, que casi no se sostenía entre sus dos piernas enfundadas en aquellas rojas medias y su agotado bastón, contrató a Severino; hombre culto en el tema agrícola y, si su memoria no le fallaba, padre de una extensa familia. Sólo una advertencia realizó al nuevo empleado: “Si alguien dañase este árbol, yo moriría sin remedio”.

Severino, que ya conocía de las excentricidades de doña Evangelina, prefirió asentir. Mas aquel armatoste le impedía utilizar maquinaria para la recolección. Sus raíces sobresalían de la tierra, extendiéndose, y le dificultaban la labor. Era un árbol viejo, sería buena leña. Además, estaba dañando la cimentación de la casa y no proporcionaba ya aceitunas. Si lo cortaba, la anciana podría despedirlo, pero si vertía en él algún producto, se secaría solo, y ella no lo culparía. Fastidiado por aquel incordio de raíces sobresalientes y escasas hojas, procedió a ello.

En pocos días, el árbol comenzó a resecarse; mientras, de forma paralela, la duquesa se debilitaba. Ella, angustiada, decidió preguntar a su nuevo capataz, en cuyos huidizos ojos divisó el atisbo de la culpa.

 

    ¿Le has hecho tú algo a mi hermoso árbol? — le preguntó con su respiración agitada y un delgado y aterrador dedo acusador directo a su rostro.

    No señora. Es solo que es muy viejo. No tiene más utilidad que la de estorbar, le habrá llegado su hora. Tampoco se va a perder tanto — se defendió el hombre, de pronto preocupado por lo que había hecho.

 

Aquella mujer no era tonta. No en vano había enfrentado acusaciones y rumores a lo largo de su vida, más que suficientes como para identificar quién esconde la verdad.

 

      Una respuesta inquietante, joven. Yo también soy vieja, estorbo según muchos y tampoco se va a perder tanto cuando decida reunirme con mi Federico. Pero aquí sigo, dándole trabajo a usted y alimentando a su familia. Confío en que esta vez me escuche y que lo haga bien. Mi hora también se acerca. No permita que nadie, repito, ¡nadie! arranque el tocón que del árbol quede.

 

Severino se marchó a casa realmente angustiado, los vidriosos ojos de la anciana en su mente y la sensación de ser el causante de un mal venidero. ¿De veras la duquesa necesitaba para vivir aquel árbol? Él también debía estar perdiendo la cordura.

Al día siguiente, la duquesa vistió sus mejores galas, incluso se colocó su sombrero de rojo fieltro. Colocó una nota sobre la mesita del té. Legaba su herencia familiar a una sobrina lejana de la que nadie sabía nada. Una petición: ser enterrada bajo las raíces del árbol. Y una promesa, o regresaría desde el más allá. Si el árbol se recuperaba, jamás nadie lo cortaría. Después se colocó de forma elegante entre los cojines apoyados sobre aquellas hoy maltrechas raíces, y allí, con tranquilidad, murió.

El pueblo, asustado, decidió enterrar a la anciana en el lugar que ella había indicado, debiendo para ello separar sus dedos de aquellas raíces, pues parecían formar un todo.

Pobre mujer. Había sido supersticiosa hasta el final de sus días. La nueva heredera cortaría aquel árbol decrépito de raíz. Y más a sabiendas de que un cadáver allí descansaba.

Pero conforme los días pasaban, todos asombrados comprobaban cómo el árbol renacía. Con más fuerza y vigor que nunca, más diámetro en su tronco, raíces que se engarzaban con fuerza rompiendo incluso algunos cristales de las ventanas. Y hay quien incluso se santiguaba al pasar delante suyo, pues había alcanzado una altura superior a como era antes. Y todo ello, en cuestión tan solo de unas pocas semanas. 

Mientras, a muchos kilómetros de distancia, una joven viuda hacía las maletas para mudarse a su nuevo hogar, heredado de una tía abuela que desconocía poseer. Como único equipaje, y a pesar de su repentino luto, su vestido favorito. Ese vestido que hacía juego con el color de su pelo, el tono natural de sus labios y sus tacones de aguja.  El rojo.






33 comentarios:

  1. Muy buena historia. Espero que tus proyectos te aporten un poco de felicidad. Abrazote.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola! Muchísimas, pero que muchísimas gracias. Esos proyectos me van a causar mucha felicidad, no por la resolución en sí, sino por ponerlos en marcha. Os contaré más, lo prometo, pero ahora he de esperar, jaja. Estoy ilusionada porque son cosas que llevo mucho tiempo queriendo hacer. Muchos besos :D

      Eliminar
  2. Existen cosas y animales que se mimetizan tanto con las personas, que llegan a ser una unidad. Bonito cuento querida Margarita. Felicito ese par de propuestas que serán muy beneficiosas para ti. El blog siempre estará y tus amigos también. Como parte de tus seguidores siempre estaremos para cuando tú puedas editar tus bellos cuentos.
    Un gran abrazo y mucha suerte en tus proyectos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Tatiana, muchísimas gracias preciosa. Tú sabes, es mucho el amor que le tengo al blog, pero es verdad que no siempre se puede conciliar todo, así que seguiré con él, pero publicaré cuando pueda en lugar de dos o tres publicaciones semanales. Seguiré por aquí amiga mia, solo que seré más tardona, jaja. Besos preciosa :D

      Eliminar
  3. Espero que tus proyectos sean provechosos. Me gusto el relato te da pena un poco el árbol y la duquesa. Me gusto el final . Te mando un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola cariño! Muchísimas gracias, son proyectos para formarme, para estudiar, para ser mejor escritora, y espero que me den resultados, al menos, estoy muy ilusionada. Muchos besos :D

      Eliminar
  4. Bonita historia y te deseo exitos en esos proyectos que mencionas. 💪😉

    ResponderEliminar
  5. ojalá puedas con los proyectos y de vez en cuando te acuerdes de nosotros, bonito cuento nos has regalado. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola Joaquín! ¿Cómo olvidaros? Seguiré en la medida de mis posibilidades, y tú sabes amigo mio, soy capaz de estirarme tela, jaja. Besos :D

      Eliminar
  6. Existió una Duquesa roja en la historia reciente de España, aunque no es tan sofisticada, se refiere a otro tipo de rojez, jajaja.
    Qué ilusión hacen esos proyectos, a disfrutarlos a tope,
    Besitos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajaja, ¡gracias Noelia! Este relato está en mi libro "Como espuma de mar y otros relatos" y nació en un taller de escritura creativa. Nos dieron dos palabras, en mi caso, duquesa y olivo... y nos dijeron... ¡venga, a escribir! Muchos besos cielo, y esos proyectos espero que funcionen y ya os contaré, son de aprendizaje. Siempre he opinado que hay que formarse constantemente :D

      Eliminar
  7. Me encantó la historia y ojalá Margarita que tus proyectos los puedas llevar a termino sin dejar el blog...
    Un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola preciosa mía! Ainss, tengo tanto amor al blog y a los amigos que me ha regalado esta experiencia, que mi intención no es dejarlo, sino que tendré que aflojar un poco el ritmo. Uno de esos proyectos, si sale bien, jeje, incluirá a este blog también. Ya os contaré. Besos :D

      Eliminar
  8. Y si en realidad todo está hermanado??? Y si mi ser es parte de otro ser que nos abarca??? Y si siempre volvemos a ser simie te de nueva vida, o vida que se manifiesta en otro cuerpo???

    Interesante ir más allá de lo evidente y dejar la mente que crezca al compás del alma.

    Un placer leer tus deliciosos relatos, querida Margarita!!!

    Y mis mejores deseos para esos proyectos!!!

    Y un enorme abrazo siempre, querida amiga!!!

    ResponderEliminar
  9. ¡Hola amigo mio! Interesantes preguntas las que haces, y que además... secundo. Muchísimas gracias por lo de los proyectos, estoy muy ilusionada, ya os contaré, pero decirte que se trata de aprender, de volver a hincar los codos, sí sí, a esta altura de mi vida, jaja.

    Con mucha ilusión amigo mio.
    Besos :D

    ResponderEliminar
  10. Holaaa
    Espero que puedas seguir por aquí, ¡mucha suerte en tus proyectos! :P

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Leyna, si, si, seguiré por aquí, solo que más esporádica, jaja. Besos preciosa :D

      Eliminar
  11. Margarita, te deseo de corazón que todos tus proyectos los consigas y que te hagan muy feliz porque te lo mereces. Ahora es la prioridad para ti; nosotros estaremos aquí leyéndote cuando puedas escribir.
    ¡Un abrazo gigante!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola Yolanda! Muchísimas gracias preciosa mía. Besos :D

      Eliminar
  12. ¡Hola, Margarita! Gracias por compartir con nosotros tan buena historia, me encantó leerla, ya que me gusta mucho el color rojo. Espero todos tus proyectos sean un éxito. Que tengas una linda semana. ¡Besos!

    ResponderEliminar
  13. Portentosa imaginación, perfectamente volcada a los folios. Te auguro éxitos. Te lo mereces.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  14. Es un placer sentirte feliz siempre
    abrazos

    ResponderEliminar
  15. Hola!
    ¡Qué bella historia!
    Te deseo todo lo mejor en tus futuros proyectos.
    Saludo

    ResponderEliminar
  16. Hola Margarita, hermosa historia, un placer leerla.
    Me alegra mucho que tengas nuevos proyectos, que todo vaya muy bien, un abrazo grande.
    PATRICIA F.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola preciosa! ¡Muchísimas gracias! Cruzo los dedos para que todo salga bien. Besos :D

      Eliminar
  17. Hola, me ha encantado la historia, como siempre fascinante y adictiva. En cuanto a tus proyectos futuros, espero que todo te vaya muy bien y deseando que nos cuentes algo de ellos.
    Besos desde Promesas de Amor, nos leemos.

    ResponderEliminar
  18. Hola Margarita, encantador relato, nos haces disfrutar y enfrentarnos a la realidad que se esconde tras la magia, tras la brillante imaginación. Llevo una duquesa roja dentro de mí.
    Besoss

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...