jueves, 30 de julio de 2015

Luna azul

31 de julio…
Una amiga mía muy especial y a la que quiero mucho, nació un 31 de julio. Ella es a la vez, dulce, fuerte, única, y muy generosa. Es… como una mágica luna azul.

Podría explicarte que la luna azul es aquella segunda luna llena que tiene lugar en un mismo mes. También podría decirte que en la noche del 31, algunos mirarán la esfera redonda, hermosa y blanquecina, esperando que se haya tornado del color de los pitufos. Ello no ocurrirá salvo que se produzca una erupción volcánica muy cerca y las cenizas maquillen la luna de esa tonalidad.


Pero ¿sabes? Esto es un blog de cuentos. Tú puedes creer lo que quieras, eres libre de soñar y también de ser incrédulo, nunca se sabe cuánta parte hay de realidad y cuánta de ficción… eso amigo, lo decides tú. 



Azul...

Entre las montañas ocultas de Sierra Morena, refugio de bandoleros, guerrilleros y amantes, una joven de largos cabellos azules, baila entre las sombras y luces que proyecta la luna.

Exhausta, decide regresar a casa. Entre las piedras y la maleza, se oculta la entrada de la cueva que hace las veces de su hogar. En el interior, su tía, una anciana llamada por todos, doña Leonor, vierte un líquido blanquecino en unas probetas.




- ¿Qué hace tía? – pregunta la joven.
- Volver visible lo invisible. No aprenderás mucho si no dejas de danzar entre los árboles.

La joven la mira triste.

- Pero es que hoy…
- ¿Quieres o no quieres aprender, Azul?
- Quiero tía, quiero.

Doña Leonor continúa vertiendo líquidos y pócimas en los frascos, mientras Azul la observa curiosa.

- ¿Qué voy a aprender hoy? Tengo ganas de volver a bailar, hoy la luna es muy grande.

La anciana la miró un instante pensativa. 

- Los humanos han perdido la esperanza. Se sienten cansados, abatidos, desilusionados… Han entrado en un círculo de prisas, enfados y letargo… Por ello, voy a hacerles un regalo especial. Algo en lo que creer, una luna azul.

La muchacha hizo un gesto de enfado.

- No es justo tía. Cuando vivía entre los humanos, les habló de las fuerzas ocultas, de la energía, la magia, les contó las leyendas del sol y les mostró el poder de la luna. Pero la ignoraron y enfurecieron, por eso nos ocultamos.
- No de todos Azul. No de todos. Sabes qué algunos si escucharon mis palabras…
- Pero tía… la luna es hermosa así, blanca… De lo contrario, ¡no parecería real! - contestó enfadada.

La anciana le acarició la mejilla.

- Tú no pareces real querida. Mírate. Tienes un cabello largo y rizado que llega hasta tus rodillas, de un tono azul intenso. Y tus ojos… ¿te has fijado de qué color son? Eres un producto de mi imaginación. Eres quién yo he querido que seas. Tal vez seas yo hace tiempo. Tal vez seas ella – susurró señalando al cielo, a la luna.
- ¡No soy la luna tía! No sé por qué mi pelo es de este color, ni tampoco porque tengo los ojos tan claros, pero… soy humana.
- ¡Ajá! Eres así. Igual que los humanos son humanos, y la luna es la luna. Menos hoy. Esta noche, no. Esta noche, la luna será como tú y tú como la luna…
- No te entiendo tía.
- Borré tu memoria. Escucha mis palabras e imagina que la luna siempre fue azul… pero que yo me sentía muy sola entre los humanos. Por ello hice un conjuro que hizo que una parte de la luna me acompañase. Cada vez que tú me acompañas, la luna se vuelve pálida… salvo esa extraña vez cada cuatro años en que vuelves a tu origen y recargas su energía vital. Esa noche, la luna vuelve a ser azul, y yo me vuelvo joven y atrevida… No te dolerá.

Azul la miró incrédula e iba a protestar, cuando sintió que flotaba sin poder agarrarse a nada. Mientras, la esfera blanca iba tomando una tonalidad azulada suave y comenzaba a irradiar una energía tangible, a la vez que la joven dormía el sueño plácido del descanso.

Doña Leonor se transformó en Leonora, una joven hermosa que gustaba de cabalgar desnuda por el monte… mientras algunos kilómetros más allá, en el pueblo, se escuchaba un jadeo de admiración hacia la luna. Algunos pedían deseos, otros solo admiraban su belleza, y otros recordaban la vieja historia que contaban los abuelos del lugar, sobre que la luna en otros siglos fue azul.

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