domingo, 16 de julio de 2017

Villa Clara. Capítulo 4


Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3

Capítulo 4

La villa era sin lugar a dudas, impresionante. El tenerla tan cerca provocaba en Nacho un millón de sentimientos encontrados. El que las gentes del lugar murmurasen sobre ella tampoco le extrañaba demasiado. Siempre había sido un lugar propenso a crear un aura de misterio con aquellos viejos castilletes, las piedras amontonadas sin orden alguna en la parte trasera, y desde luego, los anteriores propietarios, un par de hermanas de edad muy avanzada que siempre vestían de forma estrafalaria y decían plantar en el pequeño huerto, junto a las piedras, todo tipo de hierbas.

Que elaborasen ungüentos con esas hierbas tampoco ayudó a reducir el rumor de que ambas hermanas eran brujas portadoras de algún tipo de magia. Todos se sorprendieron, cuando un día, sin más, ninguna de ellas la habitaba y Pepe, el panadero, empezó a comentar a todos que una joven había comprado la villa.

Recordó como Irene siempre le decía que podían comprarla. Ella, siempre tan miedosa ante todo, se sentía sin embargo atraída por aquella casa y terminaba siendo la última parada de su paseo antes de regresar a casa. A pesar de que bromeaba diciendo que algún día verían salir de ella algún ser volador con sombrero de pico y escoba, más de una vez se habían planteado más en serio hacer una oferta por aquél lugar.

Todos esos recuerdos le estaban escociendo por dentro mientras subía los escasos escalones hasta la puerta de entrada, sintiendo curiosidad por la gran cantidad de plantas que posiblemente Paloma había colocado a ambos lados de la misma.

Al menos ahora, el lugar, se veía menos tétrico y más variopinto. Más que una casa embrujada, parecía una gran casa de vacaciones. Quizás si estuviese encantada después de todo, y la casa se transformase conforme al espíritu de su propietario.

Tocó el timbre varias veces pero no había respuesta. Ya pensaba marcharse cuando Paloma al fin apareció tras la puerta.

-         Venía a disculparme Paloma. Llevabas razón, y no quiero herir tus sentimientos, pero hoy necesito estar solo. Sólo quería pedirte por favor que no salgas hoy a correr. Te lo pido por favor.

         Ella le miró y vio el estado de cansancio, sus ojeras marcadas, su cabello revuelto, el dolor en sus ojos.

-         No lo haré Nacho. Respeto tu deseo de intimidad en un día como hoy. Pero estoy enfadada contigo y solo te perdonaré si pasas un momento. Lo cierto es que me has pillado. Había preparado un ramo de camelias para colocarlo junto a la cinta lavanda.

         Camelias... las flores favoritas de Irene.


-          Las camelias no son comunes. ¿Por qué camelias? - preguntó azorado.
-         ¿Por qué no? Son unas flores preciosas y yo tengo todo un patio trasero repleto. Me dedico a la jardinería Nacho. Tengo flores por todos lados, o acaso no te diste cuenta.

Él la miró confuso y ella aprovechó para continuar.

-         Por favor, pasa, toma un café conmigo. No te entretendré, es sólo que has venido en el mejor momento. Necesito ayuda para retirar un mueble, es demasiado pesado para mí y me urge moverlo. Y en recompensa, te daré el ramo de camelias para que tú lo lleves y yo me quedaré aquí en casita, sin molestar ni romper tu intimidad.
-         ¿Nadie te ha dicho que puedes ser muy persuasiva? - le preguntó él conciliador.
-         Sí. Dicen que me parezco mucho a mi padre en eso. Anda, pasa.

A regañadientes, Nacho decidió que la forma más rápida de poder irse, era entrar, ayudarla a mover aquél mueble y marcharse. No le apetecía ningún café.

Pero al entrar, algo muy fuerte se apoderó de él sintiendo una paz absoluta. Una tranquilidad y una calma que llevaba tres años sin sentir.

- ¿Y ese mueble? - preguntó con lentitud.
- Puede esperar. Siéntate, te has puesto pálido. Te traeré un refrigerio.

Nacho pensó en negarse, pero por alguna razón, no podía. Aquella casa, los colores de sus paredes, la decoración... todo era tan, tan de Irene...

- Te he preparado una infusión de manzana con canela. Es mi favorita. Pensé que te gustaría. - le comentó Paloma con una sonrisa.

Manzana con canela. Su favorita. ¿Cómo podía saber eso Paloma? ¿No eran ya demasiadas casualidades?

No dijo nada. Se dejó caer en el sofá más cercano y se dispuso a tomarla sin más. Como si aquello fuese una rutina que realizaba a diario. Por alguna razón, ya no tenía prisa. Empezó a saborear la infusión y notó que sus músculos se relajaban. A Irene le hubiese gustado estar allí y ver la villa por dentro. Era tan hermosa... ¿Cómo podía nadie haber pensado que estaba encantada? Su visión se enturbiaba. Tenía mucho sueño y notaba que los ojos se le cerraban sin poder contenerse...

Capítulo 5 y último (Sin publicar)



8 comentarios:

  1. ¡Ansioso por conocer como termina esto y releerlo entero!
    Besito.

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    1. ¡Gracias Navegante! Es lo que tiene esto de entrega por capítulos, ja ja. Un beso muy fuerte y yo también ansiosa de leer tu siguiente entrada :D

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  2. Respuestas
    1. Muchisimas gracias Susana, solo queda un capítulo, así que ¡ánimo! Muchos besos preciosa :D

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  3. Necesito ponerme al día...y lo mejor será releerlo de nuevo.
    Me encanta como escribes
    Un Abrazo

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    1. ¡HOla Princesa! Pues falta aun un capítulo que pondré este próximo finde. Espero que te guste. Muchos besos :D

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  4. Bueno Margarita, tú si que sabes escribir, te felicito es un misterio que da placer leer.

    Un abrazo y gracias por tus palabras en mi blog, realmente estaba muy apenada por no poder recuperar mi blog. Pero gracias a Lujan ya todo pasó.

    mariarosa

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    1. Encantadisima de que hayas podido solucionarlo María Rosa, te echaba de menos. Una vez olvidé mi contraseña y no podía entrar, y creí que me daba algo. Suerte que hay personas como Lujan.

      Muchos besos preciosa :D

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