Me dijiste que no era por mí, sino por tí; me dijiste que era la decisión más dificil que jamás habías tomado, pero que necesitabas un tiempo, una distancia, soledad...
Y yo, lo acepté.
Dentro de mí el mundo se cuarteó en trozos tan pequeños que pensé que jamás se reconstruirian. Pensé que iba a morir de la forma más absurda. Pensé que el sol no volvería a calentar, y que moriría sola y abandonada.
Y tal vez por ello, me enfadé, me desgarré, y frustré, metí mi autoestima bajo el felpudo y escondí la cabeza bajo la almohada. Hasta que una mañana, un rayo de sol me cegó sobre esa misma almohada. Así que me levanté a bajar mejor la persiana. Pero en vez de bajarla, la subí.
Fuera hacía un día cálido a pesar de la fecha. Olía a pino y a vida, y los tonos anaranjados y ocres parecian gritar mi nombre. ¿Por qué no? Me duché, me vestí, me perfumé, me pinté los labios... y salí.
Te recordé, y recordé tus palabras. Distancia, soledad.
Me interné conmigo misma en aquél bosque que me incitaba y llamaba... y tu recuerdo se convirtió en hoja que caía al suelo; y yo en la rama que perdía una parte de sí misma, para volver a brotar en primavera.
Pocos días después llegó tu primer mensaje, firmado con un "Lo siento, te amo, me equivoqué. No quiero mentirte, he vivido una aventura con otra persona, pero tu recuerdo no me abandona. Te echo de menos, quiero volver contigo.Voy junto a tí."
Y yo te contesté...
"Yo también lo siento y también te amo, pero no quiero mentirte, he vivido una aventura conmigo misma, y tu recuerdo empieza a abandonarme. Te echo de menos, pero no quiero volver contigo. No me busques"