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jueves, 10 de noviembre de 2022

La luna en el sauce, entrevista a Ricardo Reina Martel

 



 La luna en el sauce


Primavera de 1905 en Lebrija, el hambre y la sequía desbordan a una población al límite. La joven Manuela transita los caminos acompañada de su padre, platero de profesión. En uno de sus viajes conoce en Jerez de la Frontera al aspirante a torero Ignacio Sánchez Mejías, con el que mantendrá una fuerte vinculación durante el resto de su vida.
 
En su deambular, llegan a la Feria de Abril de Sevilla, donde Simone Martel, francesa y apasionada de la moda, la conectará con el París más apasionante de la época. Rumbo a las ferias del campo en Zafra, la enfermedad de su padre la detendrá en Monesterio, donde conocerá la que será su marido, Ricardo, cartero de profesión y excombatiente de Filipinas, siendo este el punto vital que comenzará a cambiar su destino. 


Coincidí por primera vez con la gran persona que es Ricardo en una conferencia sobre editoriales que organizó la editorial ExLibric, en la Biblioteca Municipal de Carmona. Ese día en concreto, ni siquiera fuimos conscientes de estar ambos en la misma sala. Sin embargo, un tiempo después, publiqué "Estatuas de sal" y Ricardo se interesó tanto por la obra como por todo lo que había rodeado la publicación de la misma.

No tardaba en ver la luz la primera de las novelas que compondrán la saga de fantasía "Cartas a Thyrsá". En 2018 pudimos disfrutar de  Cartas a Thyrsá. La Isla.  En marzo de este mismo año, llegó a las librerías la segunda, Granjas Paradiso

Sin embargo, en este caso, dejamos atrás la fantasía para adentrarnos en una historia con una importante base histórica, eso sí, aderezada (como no podía ser de otra forma) por el romanticismo y la fantasía de su autor. 

Ricardo y yo hemos conversado mucho sobre tipos de narrador, extensión de una obra, enfoque de personajes, creación de tramas. Por suerte, también hablamos sobre la vida misma. Me ha demostrado en estos pocos años, que la vida puede verse bajo muchos tipos de cristal, pero que en nuestra mano está el color que se le aplique. También me ha enseñado que un escritor ha de ser valiente y mostrar con claridad sus opiniones. La escritura bien entendida, puede ser un arma impresionante y también, el mejor regalo o la caricia más necesaria.

Cocinero de profesión, es sin lugar a dudas, escritor de corazón. La escultura, pintura, fotografía, arteterapia o incluso la astrología han formado parte de sus inquietudes creativas. La escritura le ha aportado aquello que buscaba, o así lo entiendo al leer sus novelas. No es de extrañar que varias editoriales hayan puesto sus ojos en él, siendo en este caso «Aliar Ediciones» la que él ha elegido para esta obra.

Él es más de entrevistas ante un café, que de reseñas como tal. Prefiere el contacto visual y las preguntas directas. Es una de las cosas que tanto me gustan de su personalidad.

 


 


«La luna en el sauce», es una novela de ficción histórica donde el amor y la valentía da lugar a una historia que no se puede olvidar, una historia que grita desde el fondo de cada palabra.

En esta ocasión en lugar de café, ha sido un zumo de naranja quien nos ha acompañado mientras que, por mi parte, le bombardeo a preguntas, que por supuesto, él responde desde esa placidez suya de caballero de otra época.
 

—Buenas tardes Ricardo. No sabes qué alegría volver a entrevistarte. En esta ocasión es gracias a «La luna en el sauce»; una historia muy distinta de aquellas anteriores que habías publicado. Me refiero a «Cartas a Thyrsá. La Isla», y a «Las granjas Paradiso». Fantasía al más puro estilo de autores como Ende o Tolkien. Ahora nos presentas una obra muy distinta y he aquí mi primera pregunta. Dime, ¿por qué ese cambio de registro? Y unida a esta pregunta… ¿Cómo definirías tu nueva obra? Si, ya lo sé. Lo hemos hablado antes, pero los lectores no saben la respuesta, así que ¡venga valiente!

—Era una obra necesaria, una obra que gritaba, por sí misma, una historia con la que nací y venía a cuestas; a decir verdad, tenía una necesidad angustiosa de liberarme de ella. Todo comenzó con la transcripción del diario de Ricardo, dado que ahí había tema más que sobrado para un libro. Cuando de manera imprevisible apareció la figura de Manuela que, desde fuera del diario, reclamaba su sitio al igual que un fantasma que necesitara su hogar.

—Tu novela comprende un periodo muy específico, concretamente desde el año 1905 a 1968. Me han fascinado muchos de sus personajes, pero ahora en esta pregunta, quiero centrarme en la que sin lugar a dudas es la protagonista, «Manuela». ¿Quién es Manuela para el mundo y quién es Manuela para Ricardo Reina?

—Manuela era mi bisabuela, por lo tanto, se basa en un personaje real. Alguien que siempre ha sido la depositaria de una frontera y de un pasado apasionante. Mis recuerdos de ella me llevan a una anciana de tez muy hermosa y blanca. Apenas hablaba, se pasaba las horas sentada en una silla de enea mirando al vacío, cuando me acercaba a ella se metía la mano en el bolsillo y me ofrecía un puñado de cacahuetes. Esto sucedía en la azotea de un patio de vecinos llamado «Del Príncipe», en lo que antaño fue el Huerto del Pilar; hablo del barrio de San Julián, en Sevilla. Y con respecto a la primera pregunta, Manuela es la superviviente de un mundo que te comía vivo, que te despellejaba nada más salirte del plato. Una luchadora que supo mantenerse a flote con cierta, digamos elegancia, a pesar de un mundo en el que la mujer carecía de opciones. 
 
—Ignacio Sánchez Mejías, Joselillo «El Gallo», Blas Infante, Sor Ángela de la Cruz, Picasso… En tu obra se alterna una línea histórica real con un toque de fantasía —como no podía ser de otra forma tratándose de ti—. Pero dime amigo mío, y como simple curiosidad, ¿Puedes desvelar qué parte en relación con estos personajes fue real y cual es ficción? Por supuesto, puedes acogerte al secreto del escritor.

—A todos quienes has nombrado forman parte de mí, y en cierta forma he vivido cuanto he escrito. Te contaré que, por ejemplo; Ignacio Sánchez Mejías irrumpió en escena al comprobar que coincidía en el espacio y en el tiempo de Manuela; fue a través de un libro de Fernando Villalón. Me encontraba en el proceso previo a iniciar la novela, en esa fase en la que uno busca huellas que le muestren el camino a seguir. La impronta de Ignacio me ganó por entero y ya fue imposible quitármelo de encima. Sobre Blas Infante te diré que se rige por un principio de autenticidad. Partí de cierta escena, de cuando niño, en los tiempos en que el tranvía llegaba a la Puebla del Río; fíjate si hace años. 
Yo viví aquello, lo recuerdo con una nitidez apabullante. Traslado esa vivencia, esa mirada hacía «Villa Alegría», junto a mi padrino y cuando nadie sabía quién fue el señor Infante, yo ya conocía su historia.


 
 


—En tu obra hay un personaje con mucha fuerza. Hablamos de tu antepasado Ricardo, el cartero de Monesterio. La fotografía que has elegido para acompañar esta novela es precisamente, una que te has realizado ante su tumba. Se de buena tinta que en tu poder obra el diario de Ricardo. ¿Qué puedes contarnos sobre eso?

—Es una obra que mantiene el misterio, presumiblemente escrita en Monesterio, cuando la tuberculosis amenazaba a Ricardo. La razón me dice que sería muy difícil que el diario se hubiese escrito en Filipinas y en pleno campo de batalla. El diario posee un misterio que ni la embajada de Filipinas ha sido capaz de resolver; ¿Que hace en su interior el poema de José Rizal? ¿Cómo nuestro cartero de Monesterio poseía información sobre el mismo? El diario demuestra la autenticidad del poema, tan cuestionado en la primera mitad del siglo XX, además de su poder, sino dime tú como ha conseguido llegar hasta mí.

—La figura de José Rizal aparece en esta obra de una forma muy peculiar. Su poema «El último adiós» es una de las joyas que engalanan tus letras. ¿Qué sentimientos despertó en ti descubrir el mismo?

—Para transcribir el diario me dejaron una lupa de grandes dimensiones, durante un año estuve en ello, resulto muy difícil aquello; a tener en cuenta que las poblaciones mantenían nombres españoles al final del siglo XIX. Colgué sobre la pared un mapa actualizado de Filipinas y fui siguiendo el diario en directo. Un trabajo fascinante. El poema apareció una tarde en Marchena. 
Recuerdo que, acabado de transcribir, me levanté de la silla y me dije: ¿Pero eso qué es? Había mucha autenticidad en esas letras. Ya en casa, copié sus versos, los pegué en Google y apareció el poema en la pantalla, por poco me da un patatús.

—¿Qué crees que opinarán en Monesterio, Lebrija o la propia Sevilla al leer tu novela?

—A Lebrija le ha tocado la mejor parte, el lugar de nacimiento de uno es siempre nuestro lugar de acogida y nuestro refugio en vida. En Sevilla, su corazón estará por siempre en el desaparecido «Corral de los Olores» en la calle Duque de Montemar. Las conversaciones con Sor Patricia, en el convento de las Concepcionistas de Lebrija, están realizadas en el patio del mismo gracias a la amabilidad de las hermanas. Doté a Lebrija del aura espiritual que me ofrece ese lugar. Monesterio es otro cantar, es una tierra dura y de difícil acceso para quien llega desde fuera. La experiencia del libro me está sirviendo para comprender que encontró Manuela cuando llegó allí. He intentado ser amable, no levantar suspicacias a pesar del tiempo que tocó vivir. Un tiempo cargado de miseria, donde el dolor y el padecimiento era el pan de cada día. 
 

 
—Leyendas, fantasmas, sociedades secretas… «La luna en el sauce» es un compendio muy interesante, pero una parte dolorosa referente a la guerra, el hambre, la miseria más absoluta. Una parte muy dura que alude también a sucesos acontecidos en Sevilla. ¿Opinas que el ser humano tiende a olvidar lo que duele? ¿O quizás, por el contrario, el olvido no es posible?

—La tendencia es a olvidar, a pasar página, la comprobamos tras la guerra de los Balcanes hace poco. En psicología se define como memoria traumática. Nosotros lo podemos evidenciar tras la guerra civil; sino dime tú que lógica tiene que se permita a un señor que ha causado miles de muertos repose en un recinto sagrado durante tanto tiempo ¿Cómo en este país es posible que cientos de asesinados se mantengan sepultados en cunetas, amontonados en fosas, sin recibir una sepultura digna? El ser humano no deja de sorprendernos, Margarita. En todo ello podemos observar un componente de olvido, pero también un componente atroz de indolencia y abandono.

—Simone Martel. Una mujer que me ha mantenido en ascuas desde que apareció por primera vez en tus páginas. Una mujer vital y «de otra época» que se encariña sobremanera con nuestra querida Manuela y que también jugará un papel importante en su vida a través de unas cartas que adoro. Dime Ricardo, ¿de dónde surge Simone?

—De la realidad, Simone es un personaje real. Me han escrito historiadores preguntándome sobre sus cartas y de donde he sacado la información que en ellas transcribo. 
Aclaro que estas cartas son fruto mi imaginario o lo que se llama la clarividencia del novelista, pero el personaje está basado en la realidad. Su hermano Antonio huyó a París, dejando en el abandono a sus hijos; entre ellos a mi abuelo, pero no hagamos spoiler de la novela. El viejo Montmartre me ha llamado siempre con una fuerza inusitada. Reconozco que soy un apasionado de su historia y de ese periodo absolutamente fascinante que se dio allí, desde mediados del mil ochocientos hasta el inicio de la primera guerra mundial.

—He llorado y mucho, en algunos fragmentos de tu obra. Hay mucho dolor, rencor y rabia en algunos de sus fragmentos, por no hablar de las pérdidas. Sin embargo, en mí persiste el recuerdo de lo hermoso. Las risas de la Manuela adolescente, la ilusión del primer amor, la valentía y fiereza de una mujer como pocas. Manuela existió. Y tanto que fue así. Tú eres descendiente de ella. Dime, si tuvieses que elegir un momento hermoso de su vida, ¿cuál sería?

—Hay varios momentos verdaderamente mágicos en la obra; uno es a la orilla del mar en Chipiona, cuando en una noche estrellada Marcelle Auclair recita a Lorca y Simone, mientras se baña desnuda, le habla de Eric Satié; pero también habita mucha magia en el camino a la fuente vieja de Monesterio y no te digo nada en ese lugar de refugio último para Manuela, llamado Ómnium Sanctórum, o… el patio del convento de Santa Clara, en Sevilla.

—¿Qué parte de la novela te ha costado más escribir?

—Los hechos acontecidos tras el golpe de estado en la Macarena, es información directa de quienes lo padecieron, ahí no hay mentiras. Es la voz de quienes sobrevivieron a la matanza de la calle San Luis y Feria. Aún me sobresalto y, reconozco, que me será muy difícil el volver a escribir esos capítulos. 
 

 
—La labor de investigación ha debido ser impresionante. El diario, las fotografías, los recuerdos de tu madre. Sé que te has basado en mucho más y que has ejercido una gran labor de investigación por tu cuenta. ¿Qué puedes contarnos de eso?

—Tres años, más uno de la transcripción del diario. También ayudó el tiempo de aislamiento por el covid. Me refugié en la novela y llegué a rodearme de libros, cerca de setenta. Libros muy viejos que me sirvieron para ilustrar y redirigir la novela.

—La memoria histórica juega un papel vital en tu novela. ¿Eres consciente de que levantarás ampollas en algunos sectores?

—Todo lo escrito se halla basado en fuentes genuinas e, incluso, esos pequeños detalles de la noche que pasaron juntos Ignacio Sánchez Mejías y Marcelle Auclair en Madrid. Si en el libro dice que hacía frío, creedme que así fue, si en el libro se dice que se helaron los charcos durante el mes de mayo, realmente esto sucedió. Quien se quiera engañar a sí mismo que lo haga, mi obra es auténtica, surge de la memoria de nuestras madres y de todas nuestras mujeres que padecieron la España de antes y después de la guerra. Yo no puedo decir que se vivía con cierta consideración, cuando no tenían un mísero trozo de pan que llevarse a la boca. Si lees el libro te darás cuenta de que está compuesto por decenas de pequeños detalles, fruto de una época. Juegos en la calle, recuerdos de infancia, miradas colmadas de amor, sombras y alegrías; la receta inconfundible, de un carácter único en el mundo como el andaluz, capaz de conjugar la pena con la felicidad en una sola copa de vino. Tan solo he dado testimonio de un tiempo, donde mientras más miseria había, también más solidaridad habitaba entre los más necesitados.

—Si te diesen la oportunidad de estar presente en alguno de los momentos que describes, ¿cuál sería?

—Hay dos momentos; el más fácil de todos hubiera sido participar de una cerveza en el «Au Lapin Agile» en París, junto a Modigliani, Picasso, Apollinaire y Max Jacob, como ejemplo. Y el momento difícil, sería el más trágico que he escrito en mi vida. Me hubiese gustado estar presente en la mañana del 22 de julio del 36, y si me apuras tras la barricada de San Marcos. Me hubiese gustado morir combatiendo, al lado de los más necesitados y quienes defendían la libertad. Esos que fueron abandonados, tanto por la República como por Europa después. Te recuerdo que en Sevilla no hubo guerra civil, hubo exterminio.

—No quiero hacer spoiler, pero… sobre el final de la novela hay un momento en que Manuela hace un viaje. No quiero decir con quién ni de qué forma para no adelantar acontecimientos. Te puedo asegurar que para mí fue una de las partes más emotivas. También de las más locas. ¿Valora Ricardo la amistad como esa joya que brillará más, cuando sea el momento adecuado?

— ¿Recuerdas aquella película de Thelma & Louise? Necesitaba dar un respiro a la novela; si te fijas, a partir del 39 todo se ralentiza, pocas novedades en una España que ha pasado a ser monocolor y triste. Necesitaba del mar, regresar a París. Le regalé el viaje a Manuela, lo merecía. Entonces hizo aparición uno de los grandes personajes de la novela, alguien absolutamente inesperado; mi querida Marcelita. Eso sí que fue magia de verdad. 
 

 
—La redacción de «La luna en el sauce» es exquisita. Literatura de la más hermosa que he leído en mucho tiempo. ¿Quién te inspira a la hora de escribir? ¿Qué lecturas disfrutas más?

—Los clásicos, en todo su conjunto, y los contemporáneos que han pasado mi filtro personal.

—¿Has heredado el hambre de aprendizaje de aquel otro Ricardo?

—Supongo que sí, algo habrá.

—Y dime amigo mío, después de esta novela que estoy segura marcará un antes y un después en tu vida como autor… ¿Con qué nos sorprenderás ahora? ¿Puedes hablarnos sobre proyectos futuros?

—La novela me ha consumido. Supongo que en cuanto pueda y termine la promoción, me refugiaré en la fantasía como vía de escape. ¿Sabes? Cada vez me gustan menos las historias que se cuentan en este mundo, me refiero al presente. Hay que obligarse a vivir, o mejor dicho hay que volver a redescubrir lo misterioso, algo que nos posicione de nuevo y nos acerque a lo espiritual, sino dime tú qué sentido tiene todo esto. En menuda tangana andamos metidos, si Cervantes levantara la cabeza y mira que las pasó canutas el pobre, tanto acontecer para regresar de nuevo a La Mancha, al espíritu del caminante... 

Que conste que se le ha encendido la mirada y que hemos tenido que pedir, esta vez, una cerveza acompañada de unas «papas aliñas» que nos devuelva a la realidad.
 


 
 

26 comentarios:

  1. Faltan los testimonios de las diez mil personas asesinadas por ser católicas, especialmente en Andalucía

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    1. Hola Susana, en la novela se habla de la vida de Manuela, de lo que ella vivió y sufrió en su piel. Besos

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  2. Muchas gracias, amiga por tan bella presentación y tan emotiva entrevista, no me cabe la menor duda que la disfrutaste, al igual que la hemos disfrutado leyéndote.
    He tomado nota del libro.
    Un gran abrazo y te deseo un feliz fin de semana.

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    1. Hola Juan, muchísimas gracias. Es una novela maravillosa, pero sobre todo, un homenaje a una mujer que lo merece. Besos amigo mío

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  3. Hola, muchas gracias por la entrevista, ha sido muy interesante y me ha acercado a un autor que no conocía.
    Besos desde Promesas de Amor, nos leemos.

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    1. Hola lady Isabella, muchísimas gracias a tí. Besos preciosa

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  4. Hermosa reseña que me ha sabido a cafe entre amigos!!!
    Excelente trabajo el tuyo al elaborar pregustas tan puntuales y ni que hablar sobre la concienzuda tarea de Ricardo como excelente autor que es y qué desnudan el alma 😊

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    1. ¡Hola chicas! Ya conocéis a Ricardo, es un gran novelista además de un gran amigo. Besos :D

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  5. ¡Hola preciosa!
    Fantástica entrevista, me ha gustado mucho. Gracias por acercarme un poquito al autor ya que no lo conocía ni sabía de su obra.

    ❀ Fantasy Violet ❀
    Besotes! 💋💋

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  6. Todo un lujo esta entrada Margarita
    vi las votos en tu insta
    enhorabuena a los dos.

    Lindo viernes

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    1. ¡Hola Javier! Muchísimas gracias, Ricardo me dijo que prefería una entrevista en lugar de una reseña, y digo... pues vale, jajaja. Besos amigo mio

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  7. ¡Hola chicas! Ya conocéis a Ricardo, le encanta un café, jaja. Ha trabajado mucho en esta novela y ha investigado, indagado, rectificado, visitado lugares... en fín, lo dicho, ya sabéis como es Ricardo. Es una gran novela. Muaaakkkk

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  8. Una entrevista buenísima Margarita. Muy muy interesante porque nos habéis adentrado en la novela tanto su autor como tú misma con tus preguntas. Me he anotado la novela porque me parece una obra digna de ser tenida en cuenta. Un abrazo enorme.

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    1. Hola Asunción, creo que te va a encantar. Muchos besos preciosa :D

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  9. Holis ^^
    Gracias por la reseña, no conocía al autor :P

    Besitos =)

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    1. Hola Leyna, pues si te animas a ello, creo que te va a gustar. Besos preciosa :D

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  10. Hola Margarita. Muchas gracias por tu exhaustivo trabajo. El mundo está cambiando de una forma constante y profunda, esto obliga al escritor a replantearse continuamente, a qué sector de la sociedad va dirigido su trabajo. Cuando se tocan temas sociológicos, religiosos o políticos, siempre provoca disconformidad, lamentablemente en muchas de las ocasiones, agresividad. Somos un país que nos cuesta contar nuestra propia historia, lo que significa que estamos alrededor de los mismos errores, solo una sociedad que es capaz de reconocer su pasado, puede construir un futuro fundamentado en la justicia y la paz.
    Disfruta del finde.😘

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    1. Hola Emma, cuánta razón llevas. Ricardo es además una persona muy comprometida que reivindica lo que considera que no es justo. Es un hombre muy íntegro y esta novela es un precioso homenaje a una mujer que vivió una época muy dura. Muchos besos preciosa :D

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  11. hola, interesantísima y profunda entrevista. Conocer los intríngulis de una novela de una redacción, de un espíritu que embriaga e inunda la lectura siempre me apasiona. El misterio desentrañado como fuente

    SAludos y besoss

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  12. Excelente articulo, entrevista, reseña y amistad que nos contais :) mucha suerte a Ricardo y pedazo de libro que ha escrito. Un abrazo.

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  13. Un placer saborear la entrevista, como una lectura más. Gracias, Margarita y Ricardo.

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