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Yo te cuento

miércoles, 8 de agosto de 2018

Una cuna con la luna (Cuento infantil)




Miguel es un niño muy inquieto. Tiene una cara muy graciosa con grandes pecas saltarinas, y unos ojos grandotes, grandotes, del mismo color que las tabletas de chocolate. Su pelo está siempre muy alborotado, como si el viento se hubiese parado encima de su cabecita soñadora. Tiene un cuerpo menudito, pero muy alto para su edad. Su mamá siempre le dice que cuando crezca un poco más, será tan alto como su papá.

Pero lo mejor que tiene Miguel, es su gran corazón. Es un niño de esos que siempre te ofrecen gominolas, de los que nunca se ríen si se rompe tu pantalón, y de los que nunca arrancan las patas a ningún insecto para reírse.

Es… un buen hermano menor.

Sí. Porque Miguel tiene un hermano, Pablo, que es muchísimo mayor que él. Miguel tiene ya seis años, y Pablo tiene casi diez y además, es muy mayor y siempre sabe lo que hay que hacer, porque él dice que ya solo quiere hacer cosas de mayores. Pablo se encarga de cuidarle y darle buenos consejos. Por ejemplo… cada mañana le dice que se lave los dientes, cosa que a él no le gusta hacer. Pero claro… hay que cuidar la boquita, que sino, su hermano le ha dicho que cuando sea mayor, se le pondrá mal y se quedará sin dientes, como la abuela Carmen.

Pero Miguel siempre dice, que si se le caen los dientes, vendrá el ratoncito Pérez, y le dejará dinerito bajo la almohada.

-       -  ¿Y para qué quieres tú dinero enano? – le preguntó aquella mañana su hermano.

-        - Para hacer una cuna con la luna – le respondió éste muy serio.

Pablo le miró como si se hubiese vuelto loco de remate.  ¿Cómo iba a hacer una cuna con la luna? Su hermano era muy inmaduro, no como él, que era ya muy mayor.

Aun así, aquél mismo día, cuando se fueron a sentar a comer los garbanzos que le había preparado su mamá, Pablo volvió al ataque.

-        -  No se puede hacer una cuna con la luna – afirmó decidido.
-         Sí se puede. – respondió Miguel tranquilamente.

La mamá de ambos, estaba escuchando la conversación y se acercó a ellos acariciando el pelo oscuro de su hijo pequeño, y también las mejillas de su hijo mayor.

-     - Miguel es tonto. Mira lo que dice mamá, que no se lava los dientes para que se les caiga y el ratoncito Pérez le traiga dinerito para hacer una cuna en la luna.

Aquella mamá quedó un poco impresionada, pero con ese cariño que ella siempre demostraba a sus hijos, tomó una silla y se sentó entre ambos por un momento.

-        - ¿Por qué piensas que se puede hacer eso Miguel?
-       -  Me lo ha dicho mi amiga Laura.
-    - ¿Laura? ¿Esa niña tan graciosa que tiene el pelo muy largo y muy rubio?
-         - Ajá. Y Laura nunca miente.
-        -  Pues Laura está equivocada – volvió a insistir Pablo.
-  - ¡No! ¡Ella no se equivoca! – salió llorando de pronto Miguel y enfadado se puso de pie.

-     - Bueno, bueno, tranquilos. Venga Miguel, siéntate y termina de comer, y tú Pablo, no te burles de tu hermano. Seguro que Laura cree que de verdad se puede hacer eso, y no vamos a ponerla triste. Seguro que ella sabe cómo se puede hacer – contestó misteriosa. – pero tú pequeño, tienes que lavarte los dientes o los perderás y no podrás volver a comer alitas de pollo.

Miguel no dijo nada más, pero estaba seguro de que llevaba razón. Laura nunca mentía.

Al día siguiente, cuando el pequeño llegó a clase, corrió a buscar a su amiga.

-      -   Nadie me cree Laura. Mi hermano y mi mamá no creen en lo de la luna, y mi papá me dijo anoche que te preguntara hoy como se puede hacer.

La pequeña miró para un lado y para otro para asegurarse de que nadie más los escuchaba, y después, se acercó al muchacho y le susurró unas palabras al oído que nadie más escuchó. Nadie salvo él, que de pronto, lucía una hermosa sonrisa.

Aquella noche, Miguel cenó muy rápido, y cuando terminó fue corriendo a lavarse los dientes, ante la sorpresa de todos. Después se acercó a su padre y con cara formal le preguntó.

-    - ¡Papá, ¿puedes regalarme tú el dinerito que me iba a traer el ratoncito Pérez? Te lo devolveré cuando se me caiga otro diente – le dijo con cara de hombre de  negocios.
-        -  Y dime pequeño… ¿Para qué quieres tú dinero?
-        -  Para hacer una cuna con la luna – le dijo sonriente y satisfecho.

Su hermano empezó a reírse, pero su padre le hizo señas con la mano. Después, buscó en su bolsillo y sacó una reluciente moneda que entregó al pequeño.

-    - ¡Gracias papá! – gritó éste feliz. – ¿Puedo ir mañana con Laura? Tenemos que prepararlo todo.
-        - Yo mismo te llevaré – le contestó su padre sonriente ante la curiosa mirada de su madre.

Así fue, como el día siguiente, la familia al completo, a petición de la madre de Laura, fueron a recoger al pequeño Miguel. Cuando llegaron a casa de la pequeña, se quedaron fascinados. Ellos no lo sabían, pero la mamá de Laura había tenido un bebé. Como no tenían demasiado dinero en casa, habían tomado una gran cesta de mimbre y la habían recubierto con una tela muy blanca, brillante y bonita. Le habían colocado unos lacitos alrededor y en las que antes eran asas, ahora colgaban pequeñas estrellas de fieltro. Una vieja mecedora había servido de soporte, y el velo de novia de la mamá de Laura, plagadito de pequeñas estrellas, permitía ver al recién nacido sin que los mosquitos le molestasen.  ¡Lo cierto era que tenía apariencia de luna aquél montaje!

-      -   ¿Veis? Hoy muchos niños hemos dado a Laura una moneda y ella se las ha dado a su mamá para que comprase lo que le hacía falta. Entre todos, hemos hecho una cuna con la luna.

La mamá de Miguel se sintió muy orgullosa, y a la vez, preocupada por la necesidad económica de aquella familia.

-   - Yo creo que habéis hecho una luna mi pequeño. Me siento muy orgullosa de ti. Y nunca, nunca más, volveré a no creerte cuando me digas algo. ¿Te parece bien?

El pequeño regaló a su madre la sonrisa más grande del mundo y se fue a jugar con Laura, dejando hablar a los mayores que solían ponerse serios. Mientras Pablo se enfadaba porque aquello no era una luna de verdad y sentía que le habían tomado el pelo.

Cuando llegó a casa, sobre su cama, había un sobre. Extrañado, lo abrió con sumo cuidado y dentro había una foto de él, algunos años más pequeños, subido en una especie de caballito de madera que estaba pintado de violeta, con una larga cola que parecía de telas viejas y grandes botones pegados por todo el cuerpo. De su boca, salían llamaradas de cartulinas de colores. ¡Cómo se había olvidado de su dragón Federico!

Su mamá entró y le acarició la cabellera.

-      - Nos hacemos mayores y nos olvidamos de nuestros sueños. Dejamos de jugar. Aun eres pequeño Pablo. Y lo mejor que puede hacer un niño, es imaginar…

Aquella noche, cuando todos se fueron a la cama, incluido Miguel… Pablo se asomó a la ventana y asombrado vio como la luna tenía forma de cuna y se balanceaba con un montón de estrellas en su interior. Y sintió que todo su cuerpo se volvía ligero y volaba saliendo por la ventana y recorriendo ese mismo cielo subido a lomos de su dragón Federico.

Cuando despertó por la mañana, tenía una sonrisa aún mayor que la de su hermano. No había que tener prisa por crecer. Pronto llegaría el fin de semana y haría un fuerte con Miguel. Podía ser niño un poquito más.




10 comentarios:

  1. ¿Por qué quienes estamos atenta a ella... lo vemos, "Cuna de Luna"?
    Gracias por la magia de tus palabras.

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    1. Porque la luna es la dama mágica que guarda los sueños en su interior, la que otorga alas a amapolas y la que enamora al propio sol.

      Muchos besos Jesús :D

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  2. Que historia tan tierna, que corazón tan grande tienen los pequeños... hay que luchar mucho para seguir conservándolo con el paso de los años.
    ¡Un besote!

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    1. Totalmente de acuerdo Diana, y esas prisas por crecer que a veces tienen... ainss. Ya desde pequeños tienen prisa.
      Un beso preciosa :D

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  3. Hola querida,
    que maravilla de entrada, como todas las que publicas
    Gracias por compartirla con nosotros
    Un besazo!

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    1. ¡Hola Naya! He disfrutado a tope con la entrada de tu viaje y esperando ansiosa estoy la parte de Harry Potter

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  4. No hay que dejar de soñar. Un beso

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  5. ¡Hola! Te acabo de dominar al premio Book Tag: Liebster Award, es para promocionar blogs que aún no han llegado a crecer. Para más info, aquí te dejo el link: https://lectoraursa.blogspot.com/2018/08/book-tag-liebster-award.html

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    1. Muchísimas gracias!!! Ahora mismo. Miro el link!! Gracias :D

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