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Yo te cuento

jueves, 8 de diciembre de 2016

Luces de colores


Marcos observó aquella vieja máquina de escribir que le retaba cada día. La hoja en blanco se había convertido en su compañera perenne. Su musa, su inspiración, había volado un día de otoño acompañando a las hojas caídas, y no había regresado. Demasiadas preocupaciones, mucho estrés, la necesidad de exigirse a sí mismo una obra maestra, y por encima de todo ello, las fechas en sí. Navidades. ¿Cómo sobrevivir a las Navidades sin ella?


Desde los anuncios publicitarios, hasta las luces que adornaban todas las calles, pasando por los millones de anuncios donde todos regresan a casa. Para él, sin embargo, estas fechas simbolizaban otra cosa muy distinta. Pérdida, dolor, temor, llanto, rabia.

Al día siguiente había de entregar su artículo en el periódico donde trabajaba, pero nada adornaba aquella hoja en blanco. Hastiado de intentar lo imposible, decidió salir a dar una vuelta. No tomaría la calle principal a fin de evitar aquellas hipócritas sonrisas que no le dejarían en paz. Se encaminó hacia las afueras, por donde estaba el vertedero, donde con nadie se cruzaría. Apresurando el paso, con la música de sus pensamientos y la necesidad de quien quiere escapar de todo. La vista fija en el suelo, alejado del bullicio.

Fue allí donde la encontró. A menos de dos metros de él, oculta entre los restos de lo que parecían escombros de una obra en construcción. Se detuvo impresionado, pues juraría que estaba despierto, pero tal vez se equivocaba y dormía. Escondida, manchada, algo mojada, pero presente, allí estaba. Con cuidado, se acercó a ella y la tomó con  temblor. Despacio, la sacó de debajo de aquellos restos y anonadado comprobó que no se había equivocado. Se sentó en el suelo y observó con lágrimas en los ojos aquella letra cursiva que adornaba la carpeta que sujetaba. “Luces de colores”.
Separó sus tapas de cartón, seguro de que debía estar vacía, pero volvió a equivocarse. Su mente voló durante un instante al pasado. Al día en que su joven esposa falleció en aquel accidente. Su joven Clarisa, que tanto amaba la Navidad. Cuando llegaban estas fechas, ella perdía el juicio entre regalos, canciones, felicitaciones y visitas. Nada le enturbiaba el momento. Ella siempre le decía que los milagros existían y que algún día se lo demostraría, y además, lo haría en Navidad. Solo que murió sin poder hacerlo.

Cada vez que él le escribía algún poema de amor, o alguna canción, ella lo guardaba en aquella carpeta de tapas rojas que decoró con papel maché y cartulinas de colores escribiendo un título en ella con rotulador indeleble. Cuando ella murió, él se desprendió de todo aquello que le resultaba en extremo doloroso. Y arrojó la carpeta a un contenedor, con todas las declaraciones de amor implícitas en sus hojas.

¿Cómo era posible aquello? Con reverencia, observó cómo no faltaba ni una sola de aquellas hojas impresas. Ni el agua, ni la suciedad, ni los dos años pasados, habían destruido ni un solo pequeño fragmento de aquellos recuerdos.

Se abrazó a aquella carpeta como quien se sujeta en la deriva, y decidió regresar a casa. Unos niños jugaban en la calle y la señora Martínez le comentó algo de que le había preparado un bizcocho de chocolate. Se sentó ante la mesa de su cocina y sacó una a una las hojas de la carpeta. Con cada hoja que sacaba, una parte de su corazón se contraía y luego, se relajaba. Recordó el milagro que Clarisa le prometió. Miró el calendario. 8 de diciembre.

En lugar de escribir sobre el timo de la Navidad, sustituyó ese artículo por otro distinto. Decidió, solo por probar, a escribir sobre el paso del tiempo en la cura de las heridas, los milagros y el amor. Sus dedos volaron sobre el teclado. Jamás había tenido tantas ideas en mente. Demasiadas para un artículo. Había encontrado una nueva forma de evadir el tiempo y seguir curando su alma.


Once meses después, un libro de poemas y cartas de amor salió al mercado, convirtiéndose en un libro súper ventas. Dedicado a Clarisa, “Luces de colores, milagro de Navidad”. 


2 comentarios:

  1. No me extraña que saliera al mercado y fuera un exito! la verdad un libro es como hijo y me encantaría poder escribir un libro

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    1. A veces, solo hay que soñarlo con fuerza. Aunque yo aun estoy en el intento, ja ja.
      Un beso muy fuerte Abbie :D

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